AGUSTÍ VILLARONGA
MEMORIA DEL DIRECTOR

El eje central sobre el que se articula la película Pan Negro es el de la devastación moral que produce la guerra sobre la población civil. A pesar de que entre sus personajes cohabitan los que ganaron y los que perdieron la guerra, no es una película que planee sobre los conflictos entre vencedores y vencidos, sino que se centra directamente en las emociones y los sentimientos de sus personajes. A través de ellos descubrimos las terribles consecuencias de la guerra, lejos de los campos de batalla, como si ilumináramos una fotografía antigua y en una esquina apareciesen desdibujados unos personajes grises y descubriésemos su vida íntima, llena de contradicciones y miserias cotidianas, alejándonos de la tentación de mitificarlos como a héroes y, sobre todo, de juzgarlos.

La estructura dramática que vertebra el relato se alimenta de la obra literaria de Emili Teixidor, no sólo de la novela Pan Negro, sino de gran parte de sus narraciones, ancladas en la posguerra de su Plana de Vic natal, y entre las que destacan los cuentos de Sic transit Gloria Swanson y otra magnífica novela: Retrat d’un assassí d’ocells.

El hecho de ampliar la fuente de inspiración literaria, cuando ya en sí misma Pan Negro es una novela bastante larga, se debe a la voluntad de que la película resultante tenga una línea de acción más contundente que la de la novela, donde (sin poner en duda su calidad literaria) los pasajes costumbristas y contemplativos ocupan gran parte de sus cerca de 400 páginas. Lo que se pretende con esto es que el resultado fílmico sea absorbente, ágil, misterioso, lleno de emociones y atractivo para el espectador.

Como se trata de una película de emociones, huye del costumbrismo y de la crónica de una época adoptando una postura de género inscrita en el melodrama. La manera de filmarla ha sido en cierta forma clásica, desprovista de elementos conceptuales en el lenguaje fílmico que nos separen de lo que le sucede a los personajes. Todo ha ayudado a que la historia avance y que nos emocionemos a través de los ojos del niño que nos la narra. Siempre en primera persona y sin recurrir a flashbacks, a pesar del peso que tienen los hechos y los personajes del pasado.

Otros dos sistemas narrativos enriquecen el melodrama: el thriller y el fantástico. El thriller por cuanto tiene de ocultación y descubrimiento gradual de los enigmas. El fantástico porque comporta una mirada infantil que se detiene sobre lugares y personajes llenos de misterio. Aunque nunca llegan al extremo de la fantasía, limitándose a dar una dimensión mágica y poética, real y verosímil, que repercute en la fotografía, la banda sonora y en las constantes referencias al mundo de los pájaros, símbolo de los ideales de sus personajes.

En cuanto al entorno en el que se inscribe la historia, está algo desdibujado de referencias visuales del momento político, por su obviedad. Es una opción en la que el telón de fondo se mantiene impreciso para reforzar la idea abstracta de opresión sobre sus personajes.

Un punto y aparte merece el trabajo de los actores. En ellos recae gran parte del trabajo de esta película. Buenos actores adultos y unos niños maravillosos, especialmente en el caso de Andreu, ya que de su mano seguimos paso a paso su evolución hasta la pérdida de la inocencia.

Agustí Villaronga.

Siguiente >>

© 2010 Massa D'Or Produccions. Design by Dossom Studio.